top of page

Adiós padre…

Por: Danni Piñeros

Una madre llora a su hijo. Ahora solo podrá visitarlo en un cementerio. Dos hijas que nunca volverán a ver a su padre y tendrán la duda de por qué no está presente.

- Hija, en diciembre bajo y la recojo para venirnos a donde la nona.

- Bueno papá, te espero.

Fueron las últimas palabras que cruzaron con su hija menor Daniela Piñeros de 10 años y su padre de 38 años, quien meses después perdería su vida en manos de criminales que no tuvieron piedad de él.

Harold Yinfar Piñeros Mondragón, un hombre de contextura gruesa, media aproximadamente 1.80. Su educación terminó cuando cursaba primero de bachillerato. Era un buen trabajador, un buen hijo y padre.


A sus 18 años lo conocía por ser un buen conductor y servicial. La gente a su alrededor confiaba mucho en él, por su amabilidad y buen carácter que tenía con sus allegados.


Con su madre Rosa María, era una persona amorosa, compresivo y dedicado a la familia. No solamente con ella, sino también con sus hermanos y sus dos hijas de tan solo 17 y 10 años, que amaba con toda su alma.

Harold tiempo después conocería a Doris, quien sería su prometida. La mujer que había conquistado actualmente y que se casarían en diciembre, ella se había convertido en el amor de su vida, y en su mayor apoyo. Meses antes, él quería que su hija menor conociera a la novia. Para que se familiaricen y crearán un vínculo más amigable.


Su gran sueño


Harold siempre había soñado en tener su propio carro. A la edad de 20 años, logró cumplir con su sueño de tener su propio carro y poder llevar a su madre en ese entonces con 50 años.


-Doña Rosa, ¿cuénteme cómo era el primer carro de Harold?

-Mi hijo tuvo un Chevrolet sprint.

-¿En ese entonces, él a donde la llevaba?

-Harold me llevaba a todas partes. De Restrepo a Villanueva a visitar a una hija.

-¿Cómo lo veía usted en ese momento?


Mi hijo estaba tan contento de tener su primer carrito, que con mucho sacrificio lo obtuvo.


Así él fue construyendo poco a poco cada sueño que se proponía. Luchando todos los días para darse una buena vida que él soñaba.


Una decisión muy difícil


A sus 20 años, Harold pasaba por unos de los momentos más felices y difíciles en su vida. Iba a ser padre por primera vez. Andrea, de 18 años, había dado a luz a una pequeña bebé llamada Danni. Para él era algo nuevo y más ser padre a temprana edad.


Sin embargo una parte de él estaba contento. Ahora tenía en sus brazos a su primera hija, que en ese mismo instante la amaba como a nadie.


Harold nunca se imaginó que su novia lo dejaría con la niña en sus brazos. Con tan solo 3 meses de nacida, él tuvo que tomar una decisión muy difícil en ese momento y fue criar a su bebé. Pero no lo hizo solo. Fue donde doña rosa y le pidió ayuda.

-Mamá, Andrea me dejó a la niña.

-¿Cómo así Harold?

-Sí mamá. Se fue con otro hombre y me dejó a la bebé. Me ayuda a cuidarla.

-Mmmm.

-No puedo solo. Ayúdame, mamá.

-¡Claro que sí hijo!


Su madre, fue un gran apoyo en ese momento tan difícil por lo que él estaba pasando. No lo dejó solo en ningún momento. Lo ayudó a criar a su primera hija y a educarla sin pensarlo dos veces.


Transcurrió 8 años después, en el año 2008 él convivía con Tatiana. su nueva pareja sentimental, quien estaba en embarazo en esos momentos. Tendría a su segunda hija llamada Daniela. Un angelito caído del cielo, para dar alegría a su familia.


Harold se sentía demasiado contento, de que por fin tendría a su familia que siempre había soñado. Pero lo que no sabía, era que todo se acabaría por rumores a su alrededor. Tatiana dejó a Harold, llevándose todo.


Mientras tanto él sin saber nada en ese momento, estaba trabajando muy duro para ella y su hija. Él nunca se imaginaba que cuando llegara a su hogar, ya no las volvería a ver.


Angustiado sin saber nada de Tatiana y su hija que aún no había nacido, se atrevió a llamar a la mamá de ella, para saber si sabía sobre su paradero.


-Doña Gladis ¿Usted sabe dónde está Tatiana?

-Mijo, mi hija se vino para Arauca.

-¿Cómo así?

-Si mijo, ella se vino porque usted la estaba engañando.

-Doña Gladis, pero usted sabe que trabajó para darle lo mejor a ella y a mi hija que viene en camino.

-Yo lo entiendo. Pero no puedo hacer nada.

Harold había perdido todo en ese momento. No sabía que rumbo coger en esos momentos tan difíciles que él estaba pasando. Tiempos después, nació su hija y la pudo conocer, a pesar de que ya no estaban en familia, él se sentía vivo de nuevo al ver a su bebé recién nacida.


Un momento maravilloso


Harold a sus 38 años, pasaba por otro de los momentos más felices de su vida. Lo que siempre había esperado. La graduación de su hija mayor del colegio. Se le notaba una felicidad tan grande, que su sonrisa era de oreja a oreja. No se lo creía ni él mismo.

Tanta la emoción de él, que le dijo a su madre.


-Mamá, estoy tan contento.

-¿Y eso hijo?

-Mamá, hoy mi hija cumple su sueño de ser bachiller. Estoy orgulloso de ella.

-Si hijo, hoy es un día muy especial que se debe celebrar y compartir en familia.

-Sí mamá.

-¿Harold, te imaginas ver a tus dos hijas profesionales?

-Claro que sí mamá, es un gran sueño que tengo.

Ese día solo podía entrar la madrina de grado y ella a la ceremonia Pero aun así nada lo detuvo para estar presente y entrar a la graduación de su hija. Se dirigió a la puerta para que lo dejaran entrar. En un momento pensó, que no lo dejarían. Pero nunca se rindió y una docente lo dejó ingresar. Precisamente él que entra, cuando iban llamando a su hija para que recibiera el diploma.


Fue un momento maravilloso, que una lágrima llegó a soltar Harold. Estaba tan orgulloso de su hija, ya era bachiller. Lo que tanto había soñado él, por fin se cumplió.

Un momento feliz, pasaba a tristeza


Harold después de pasar un día feliz con su hija y familia, tuvo que irse de viaje para Medellín a trabajar con un teniente retirado de la policía. Él no tenía ciertos ánimos de ir. Se sentía enfermo, incluso le dijo a su mamá que no quería ir. Él quería estar en su casa con su familia. Harold era el chofer del teniente y viajaban por las ciudades vendiendo carros.


Pero al final fue, porque el teniente le debía un dinero del trabajo anterior y Harold lo necesitaba, para comprarle la ropa de diciembre a sus hijas. También cumplir con la promesa a su hija Daniela.


Nunca me imagine, que enterraría a mi hijo antes de que ellos me enterraran a mí”

El martes 12 de diciembre del 2017. Harold sale con sus maletas hacia Medellín, pero antes se despide de su madre.


-Mamá, me iré para Medellín.

-¿Hijo, al fin te vas a ir?

-Si mamá, necesito el dinero para comprarle las cositas a mis hijas en navidad.

-Bueno hijo.

-Mamá, no me demoro. Vuelvo el domingo.

-Hijo, Dios me lo bendiga y me lo guarde.


Lo que no sabía su madre, era que ese día iba ser el último que lo viese con vida.

“Nunca me imagine, que enterraría a mi hijo antes de que ellos me enterraran a mi”.

Eran la 1:00 de la madrugada, del día 17 de diciembre de ese mismo año, familiares cercanos traen la mala noticia de que a Harold lo mataron. El compadre es uno de los presentes que le informa a Doña Rosa en esos momentos.

-Buenos días comadre.

-Buenos días compadre. ¿Qué hace a esta hora de la madrugada por aquí?

-Comadre le traigo una mala noticia.


Con lágrimas en los ojos le dice:

-Comadre a Harold lo encontraron muerto en Medellín junto al teniente.

Cuando la madre escucha esta mala noticia de su hijo, grita diciendo:

-Mi chinito no. Mi chinito no por favor.

-¿Por qué mi hijo? ¿Por qué?


La madre subió como puedo a decirle a la hija mayor de Harold.


“A mi hijo, nunca me cansaré de llorarle”

-Danni, a su papá lo mataron.


La hija en ese momento no sabía qué hacer y cómo actuar frente a esta noticia que su abuela le había dado. Ella lo único que recordaba era la última vez que hablaron por celular. Dos días antes de su muerte.


-Hola, papá.

-Hola, hija. ¿Cómo estás?

-Bien papá, aquí juiciosa.

-A bueno hija, eso está bien.

-Papá mira que averigüe sobre los Brackets.

-Si hija, cuando regrese a la casa vamos para que te los pongan.

-Bueno papá. Te espero en casa.

“Fue un Boom. En mi mente solo recordaba aquel momento que hablamos por celular y el día de mi graduación, tan feliz que estaba él”, manifestó su hija mayor, mientras su mirada reflejaba la tristeza tan grande de la pérdida de su padre.


La madre de Harold Yinfar, apenas puede pronunciar palabras de él. Mientras recuerda ese momento de aquella noticia, se pregunta: “Nunca me imagine, que enterraría a mi hijo antes de que ellos me enterraran a mí”, dice la señora Rosa mientras mira la foto y agarra el rosario que le regaló su hijo Harold, a punto de llorar tras su dolorosa partida termina diciendo. “A mi hijo, nunca me cansaré de llorarle”.

Comments


bottom of page